Por Ángel Largo. Vicepresidente 1.º de ARHOE-Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles


Se viene hablando últimamente de la semana laboral de 4 días. Voces a favor y en contra de un asunto que se está enfocando con un mensaje incorrecto.

No se trata de trabajar 4 días a la semana, o sí, si se organizara el trabajo de esa forma. Se trata de tener una jornada laboral flexible, adaptada al trabajo por objetivos, en lugar de la presencia física en el puesto de trabajo.

Entre otras razones, el enfoque no es el adecuado porque algunas compañías no pueden permitirse que sus empleados trabajen 4 días a la semana, ya que están dando servicio continuo y solo sería posible mediante turnos estructurados, lo que la gran mayoría de las compañías en España, que son pymes, no pueden permitirse.

Por eso propongo una jornada de trabajo con flexibilidad, que permita organizarse el tiempo de trabajo, siendo más eficaz, cumpliendo los plazos de entrega de las tareas, y sin dejar de dar servicio a los clientes de la compañía.

La organización del tiempo de trabajo por parte del empleado, respetando las pautas del empleador en cuanto a formas y tiempos de las tareas, ya forma parte de lo que hace tiempo manifesté como libertad responsable. Este concepto aglutina dos aspectos fundamentales: la responsabilidad de la persona en sacar adelante sus tareas laborales de la mejor manera posible y con un rendimiento eficaz, y además la libertad que tiene esa persona para organizar su tiempo personal y de trabajo, de manera que pueda sentir que su vida está adaptada a sus responsabilidades laborales.

Las empresas que trabajan bajo este concepto de libertad responsable tienen múltiples beneficios:

Mayor compromiso por parte de los empleados, que disfrutan de una vida plena e integrada entre vida profesional y personal.

Aumento de la fidelización de las personas con la empresa, sintiéndose más implicadas y siendo “fans” de la compañía que les permite tener una vida mejor.

Menor rotación del talento que siente que está en el lugar adecuado porque le proporcionan una retribución emocional que es posible que no encuentre en otros sitios.

Descenso del absentismo no deseado, ya que los empleados no sienten la necesidad de alargar sus bajas profesionales o solicitar días para poder organizar sus asuntos personales.

Mejora de la marca empleadora de la organización, al lanzar un mensaje a sus futuros empleados de empresa que apuesta por la flexibilidad y adaptación de la jornada a las circunstancias personales. Eso de manera inmediata.

Para conseguir implantar la flexibilidad laboral en una organización se deben cambiar algunos hábitos culturales que pueden estar impregnados en la compañía. Estos son algunos que se tienen que trabajar:

Cambiar la cultura presentista por la cultura flexible. Es decir, no basar la evaluación de nuestros empleados por el tiempo que están presentes en el puesto de trabajo, o “conectados” al trabajo, como ha pasado en los últimos tiempos con el teletrabajo controlado por la conexión del portátil a la red de la empresa.

Generar un liderazgo motivador que incentive la responsabilidad de sacar el trabajo adelante, sin tener en cuenta el número de horas diaria o la presencia. Es un liderazgo que se aleja del liderazgo presentista que premia la presencia frente a la consecución de objetivos.

Trabajo por objetivos frente a trabajo por tiempos. Se trata de poder lograr los objetivos planteados a los equipos, sin estar con el reloj viendo si están cumpliendo con el horario.

Como hemos podido comprobar en esta crisis sanitaria, el teletrabajo ha venido para quedarse. Pero no el teletrabajo que hemos “sufrido” en el confinamiento, con jornadas interminables aderezadas por el cuidado de niños y del hogar como complemento.

Hablamos de un teletrabajo organizado, que esté ordenado y reglamentado, para que se pueda desarrollar esta forma de trabajo de manera eficaz y productiva.

Si observamos las ventajas que tiene el teletrabajo, podemos llegar a la conclusión de que, en algunos aspectos, es más eficaz que la presencia física. Estas son algunas:

Evita desplazamientos que producen pérdidas de tiempo y sobre todo de energía de las personas, lo que aumenta la fatiga, el cansancio, la ansiedad y el estrés, que adicionalmente puede provocar menor rendimiento, errores por agotamiento en las tareas y posibles bajas laborales.

Se puede estar más concentrado en las tareas (siempre y cuando no se esté rodeado de obligaciones como cuidado de niños o personas mayores). Esto lo hemos comprobado en la disminución de las interrupciones laborales que se producen en el puesto de trabajo debido a otros compañeros, ruidos o llamadas telefónicas.

Mayor eficacia en las reuniones on line. Estas reuniones van más al grano y permiten poder adaptar los horarios. Las reuniones presenciales implican en muchas ocasiones una gran “pérdida de tiempo”, siendo uno de los mayores ladrones de tiempo en la oficina o en los centros de trabajo.

Mejor organización del tiempo de trabajo. Al evitar desplazamientos, se ha observado que las personas organizan mucho mejor sus agendas e incluso son más eficaces, optimizando su tiempo de trabajo, ya que no existen “pérdidas de tiempo” por traslado de un sitio a otro, sino que todo se organiza desde el mismo puesto de trabajo. Algún estudio ha demostrado que los comerciales pueden tener más reuniones con clientes al no tener que hacer desplazamientos.

Por todas estas razones creo firmemente que la semana laboral flexible es una forma de organizar el trabajo que dará una ventaja competitiva a las empresas que implanten este modelo de trabajo.

La discusión de si tienen que ser 32, 36, 34 o 40 horas es un “debate erróneo”, ya que nos hace dar vueltas a una realidad indiscutible: las personas que organizan su tiempo de trabajo en torno a su vida personal son más eficaces, más comprometidas y ofrecen mejores resultados.

Ángel Largo es socio director de Mutare Transformación Positiva, fundador de http://www.actpositiva.com y coordinador del Proyecto de Investigación sobre Actitud Laboral conjuntamente con la Universidad Francisco de Vitoria.

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