Encuesta "El mismo euro, el mismo horario"
Amando de Miguel
Iñaki de Miguel
Introducción

Este informe se basa en una encuesta ad hoc, además de otros datos que se tienen sobre la cuestión de los horarios en España. Se han realizado 800 entrevistas telefónicas a una muestra aleatoria de ocupados, amas de casa (de 30 a 64 años) y estudiantes-profesionales (de 25 ó más años). Esa población representa el estrato más activo en un sentido amplio. Deseamos averiguar las conductas y opiniones en torno al horario cotidiano y los otros aspectos relacionados con ese ritmo vital. Las entrevistas se han dirigido a los residentes en todas las comunidades autónomas. Las entrevistas se han realizado en la primera decena de junio de 2002 normalmente en un horario de tarde-noche. Esa circunstancia nos permite concentrar nuestra atención en una muestra selectiva de las personas con actividad que están en sus casas en el horario de tarde-noche. Más adelante veremos la utilidad de ese diseño.

El punto de partida de esta investigación es que, si se ha producido la incorporación de la economía española al euro, lo lógico es que se aproximen también los horarios. Ese proceso está en marcha, pero de una forma espontánea y a veces caótica o por lo menos desorganizada. Se parte, desde luego, de una tradición de un horario español que divergía bastante del europeo. Era un horario más tardío con el cierre de muchas actividades a las horas de comer. Hablamos en pasado porque esa estructura está variando. Quizá no hay mucha conciencia de ello, tan fuerte es el estereotipo y la inercia del horario tradicional. Por eso mismo conviene estudiar el ritmo del horario junto a otros aspectos que revelan el uso del tiempo y la satisfacción vital.

No tiene mucho sentido repetir lo que tantas veces se ha hecho: trazar el perfil del horario medio que afecta a los hogares españoles, a las personas que los constituyen. No tiene mucho sentido esa operación porque no hay tal promedio; antes bien nos encontramos con una gran dispersión de situaciones. ¿Qué sentido puede tener el horario medio para calibrar el de los jóvenes y el de los jubilados? Dentro, incluso, de la población ocupada, cabe aislar el horario de los que terminan pronto de trabajar (o trabajan en casa) y se retiran pronto por las tardes. Ese horario es muy diferente al de los que trabajan hasta altas horas de la tarde y se recogen tardíamente. El primero estará más cerca de los husos horarios tenidos por "europeos" y el segundo responde a la pauta tradicional española. Aquí la tradición es relativamente reciente, pues sabemos que hace un siglo el horario urbano se asemejaba al rural y ambos coincidían con el modelo "europeo" citado. El cual consiste en adelantar todo lo posible la jornada para retirarse pronto. Paradójicamente, es el tipo de horario que se ajusta mejor al movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Esa es la razón por la que el horario tradicional servía a las sociedades campesinas.

La situación española actual es mixta o híbrida. Hay un sector que, de hecho, se está aproximando a la pauta europea, pero coexiste a veces en los mismos hogares con otras personas que llevan un horario retrasado. Por ejemplo, incluso en las mismas familias, hay trabajadores que siguen una jornada partida y otros que se adaptan a una jornada continua. Ese último caso puede ser el de algunas empresas más modernas, con intensas relaciones internacionales, pero también de muchas oficinas públicas. Es el modelo de jornada laboral de 8 a 3 con una pequeña pausa para comer. Durante el verano algunas empresas con jornada partida (mañana y tarde) adoptan la fórmula de jornada continua. La jornada continua es también habitual en la hostelería y en las llamadas grandes superficies comerciales. En las zonas turísticas algunos extranjeros siguen con su horario de origen y otros se adaptan a la pauta española del ritmo retrasado. Por otra parte, cada vez más hay más ocupaciones que tienen que "hacer guardias" nocturnas de vez en cuando. Al final, en España hay tal diversidad de situaciones que difícilmente se puede hablar de un horario medio. Esos contrastes internos son más amplios que los predicables entre el promedio español y el europeo.

Nuestra investigación selecciona tres tipos de muestras (casi podríamos decir que "cualitativas"). Son los ocupados y amas de casa de 30 a 64 años más una pequeña representación de estudiantes-profesionales de 25 ó más años. Se añade la particularidad de que estén en su domicilio durante la tarde-noche, que es el momento en que se han realizado expresamente la mayor parte de las entrevistas. Esa combinación de circunstancias nos lleva a suponer que estamos ante el sector de la población que más se acerca al modelo "europeo" de uso del tiempo. Si están en casa por la tarde y las primeras horas de la noche es porque realizan sus tareas en forma de jornada continua o reducida (menos de ocho horas). Para lo cual tienen que adelantar su horario por delante de la pauta tradicional. No es un sector minoritario o excepcional. Al menos en las grandes ciudades los partes de tráfico aseguran que el "nivel amarillo" de la circulación se produce hacia las siete de la mañana.

Nos interesa mucho calibrar el ritmo vital de ese sector de la población que podríamos etiquetar como "españoles domésticos y activos". Son "domésticos" porque se los encuentra en casa durante la tarde-noche. Son "activos" porque tienen muchas obligaciones, no solo laborales sino de cuidar la casa y más específicamente a los niños y a los viejos. Excluimos, por tanto, a los jóvenes, los parados y los jubilados. La intención es que las tres "muestras cualitativas" nos acerquen a un tipo de horario más próximo a la idea que se tiene de la distribución europea del tiempo. Con todo, es de esperar también que asomen ciertos residuos del horario español tradicional. No se olvide que cuenta no solo la conducta, sino las opiniones. Nos interesa precisar qué piensan los españoles ("domésticos activos") de los usos del tiempo, del tiempo instrumental, del tiempo de trabajo, del tiempo futuro.

Vaya por delante el dato de que la proporción de "no contestan" es desusadamente alta, sobre todo en las preguntas que demandan la comparación con el horario europeo. Puede que sea una comparación demasiado abstracta o difícil de precisar por el manejo de una noción tan evanescente como los medios de la pauta española y de la europea. Se puede concluir también que esa falta de definición en las respuestas implica una deficiente información sobre estos asuntos. Por ejemplo, muchos consideran "natural" la costumbre heredada de la jornada partida en el horario comercial. Es difícil imaginar que pueda darse otro sistema, el de la jornada continua, por mucho que se produzca en muchos servicios (bares, grandes superficies, etc.) o en las zonas turísticas. La no contestación puede significar también que el horario se considera como algo personal, escasamente pautado. Por ejemplo, es difícil que muchas amas de casa puedan abstraer un horario estricto, regular. Lo mismo se puede decir de algunos estudiantes e incluso de algunos ocupados con horarios más o menos flexibles. Pero, en definitiva, lo que interesa recoger no es tanto el uso pautado del tiempo como lo que se piensa sobre esa cuestión. La trascripción del horario no es tan interesante como la explicación de qué tipo de personas se aproxima a una u otra pauta de uso del tiempo. Resulta un tanto incongruente que se haya producido con naturalidad la aproximación a la moneda común europea, pero que muchos españoles se encuentran alejados del horario común europeo. La unificación de los horarios no es algo tan exigible como la de las monedas, pero una cierta convergencia sí es aconsejable.

Es evidente que estamos ante una investigación aplicada, que sirve para la acción. Se trata de conocer para cambiar en la dirección de lo conveniente. Cabe una cautela, el peligro del arbitrismo, tan corriente en la vida pública española. El arbitrista es el que piensa que basta la decisión de la autoridad para alterar las costumbres, incluso -como en este caso- el ritmo circadiano. Pase que se acepte la decisión administrativa sobre la hora oficial -algo distinta de la solar-, pero el horario es algo más complicado. También cabe que la autoridad reglamente el horario comercial, pero las costumbres respecto al uso del tiempo son más complejas y más difíciles de cambiar. Los usos del tiempo condicionan tanto la vida cotidiana que incluso los bebedores de bebidas alcohólicas establecen qué tipo de bebidas se acomodan a una u otra hora del día.

Otro peligro en la operación de comprender el horario que rige para la sociedad española es la simple extrapolación de lo que ocurre a la minoría de los empresarios, directivos, profesionales y altos funcionarios. Paradójicamente, este estrato acomodado es el que vive más tiempo fuera de casa y prolonga considerablemente sus horarios a lo largo del día. Pero ese retraso no debe ser considerado como la norma estadística.

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